
El ciego y el Lazarillo a orillas del Tormes, Salamanca
Bienvenidos a estas páginas interactivas sobre El Lazarillo de Tormes. Como se indica en la barra de navegación, son cinco las secciones que forman esta página:
Puede considerarse la novela picaresca del Siglo de Oro como un género literario con ciertas características comunes a todas las distintas creaciones, aunque cada obra difiere de las otras en su tratamiento de los rasgos formales y de contenido. Algunas de esas características principales serían las siguientes:
Otras novelas picarescas del siglo XVII son:
El protagonista de la novela picaresca es el pícaro. Estas son sus características más importantes:
* * *
La palabra pícaro tiene hoy día acepciones tanto negativas como no negativas.
Publicado seguramente en 1554, El Lazarillo de Tormes es una carta escrita en forma de autobiografía. En concreto, es la autobiografía de un pregonero, es decir, un hombre de clase social muy baja, llamado Lázaro de Tormes, como él indica al principio del "Tractado Primero":
Pues sepa Vuestra Merced, ante todas las cosas, que a mí llaman Lázaro de Tormes, hijo de Tomé González y de Antona Pérez, naturales de Tejares, aldea de Salamanca.
El lector puede pensar que el "yo" narrador del protagonista, el pregonero, es el autor del libro. Pero no hay que confundir a la persona real que escribió esta novela con el personaje de ficción que la narra.
Aunque no conocemos la identidad del autor de El Lazarillo, la forma autobiográfica (el uso de la primera persona que relata su propia vida) hace que el el contenido de la narración (la vida del protagonista, el niño Lazarillo y el hombre Lázaro) sea verosímil.
Lee detenidamente este fragmento del "Tractado Primero". Pulsa sobre la palabra o expresión que necesites consultar. Después de leer, pasa a la sección de Ejercicios para comprobar tu entendimiento de este fragmento.
En este episodio, Lázaro cuenta la forma en que quiso engañar al ciego. Según lees el texto, piensa en los temas que el narrador nos presenta: el hambre, la ingenuidad, la astucia, la caridad cristiana, la miseria, etc. Fíjate también en el uso del lenguaje: los diminutivos, la adjetivación, los juegos de palabras; en fin, la plasticidad de toda la escena.
A Goya también le interesó este pasaje.
* * *
Estábamos en Escalona, villa del duque della, en un mesón, y diome un pedazo de longaniza que le asase. Ya que la longaniza [el ciego] había pringado y comídose las pringadas, sacó un maravedí de la bolsa y mandó que [yo] fuese por él de vino a la taberna. Púsome el demonio el aparejo delante de los ojos, el cual, como suelen decir, hace al ladrón, y fue que había cabe el fuego un nabo pequeño, larguillo y ruinoso, y tal que por no ser para la olla debió ser echado allí. Y como al presente nadie estuviese sino él y yo solos, como me vi con apetito goloso, habiéndome puesto dentro el sabroso olor de la longaniza, del cual solamente sabía que había de gozar, no mirando qué me podría suceder, pospuesto todo el temor por complir con el deseo, en tanto que el ciego sacaba de la bolsa el dinero, saqué la longaniza y muy presto metí el sobredicho nabo en el asador. El cual, mi amo, dándome dinero para el vino, tomó y comenzó a dar vueltas al fuego, queriendo asar al que de ser cocido por sus deméritos había escapado. Yo fui por el vino, con el cual no tardé en despachar la longaniza, y cuando vine hallé al pecador del ciego que tenía entre dos rebanadas apretado el nabo, al cual aún no había conoscido, por no lo haber tentado con la mano. Como tomase las rebanadas y mordiese en ellas pensando también llevar parte de la longaniza, hallóse en frío con el frío nabo. Alteróse y dijo:
--¿Qué es esto, Lazarillo?
--¡Lacerado
de mí! --dije yo--. ¡Si queréis a mí echar
algo? Yo ¿no vengo de traer el vino? Alguno estaba ahí y
por burlar
haría esto.
--No, no --dijo él--, que yo no he dejado
el asador
de la mano, no es posible.
Yo torné a jurar y perjurar que estaba libre de aquel trueco y cambio; mas poco me aprovechó, pues a las astucias del maldito ciego nada se le escondía. Levantóse y asióme por la cabeza y llegóse a olerme; y como debió sentir el huelgo, a uso de buen podenco, por mejor satisfacerse de la verdad, y con la gran agonía que llevaba, asiéndome con las manos, abríame la boca más de su derecho y desatentadamente metía la nariz, la cual él tenía luenga y afilada, y a aquella sazón, con el enojo, se había augmentado un palmo; con el pico de la cual me llegó a la gulilla. Y con esto, y con el gran miedo que tenía, y con la brevedad del tiempo, la negra longaniza aún no había hecho asiento en el estómago; y lo más principal: con el destiento de la cumplidísima nariz medio cuasi ahogándome, todas estas cosas se juntaron y fueron causa que el hecho y golosina se manifestase y lo suyo fuese vuelto a su dueño. De manera que, antes que el mal ciego sacase de mi boca su trompa, tal alteración sintió mi estómago, que le dio con el hurto en ella, de suerte que su nariz y la negra mal maxcada longaniza a un tiempo salieron de mi boca.
¡Oh gran Dios, quién estuviera aquella hora sepultado, que muerto [yo] ya lo estaba! Fue tal el coraje del perverso ciego, que, si al ruido no acudieran [las personas del mesón], pienso no me dejara con la vida. Sacáronme de entre sus manos, dejándoselas llenas de aquellos pocos cabellos que [yo] tenía, arañada la cara y rascuñado el pescuezo y la garganta. Y esto bien lo merescía, pues por su maldad me venían tantas persecuciones.
Esta sección constituye una ayuda para repasar la información de todas estas páginas. Para acceder a los ejercicios, pulsa sobre el ejercicio deseado; se abrirá una nueva ventana de tu navegador. Para volver a esta página, simplemente actívala o cierra la página de ejercicios.
Estas son las tres clases de ejercicios sobre El Lazarillo de Tormes: